martes, 30 de agosto de 2011

Vida.

Hace más de un mes, descubrí  el verdadero sentido de aquello que “Nadie conoce su dolor, más que uno mismo”. Así es, siempre he tratado de esquivar esas malas energías, esas situaciones que arruinan los días, como una forma de salvar algunos minutos y tratar de ser feliz. Sucede que no había imaginado el dolor más fuerte en la vida, tener en cuenta la muerte como una realidad y saber que tus seres queridos no son para siempre en éste mundo.

Quizás saber que aquella mujer que te vio crecer, que estuvo en cada momento, que sin extenderse siempre supo decir las palabras adecuadas en cada ocasión, que cada vez que te veía te regalaba una sonrisa y un abrazo de que todo estará bien, entre tantas cosas que extrañare.
Mi abuela siempre fue el tipo de mujer que admiro y no creo igualar, luchadora, constante, con una sonrisa para hacerte el día, con los gestos y palabras exactas, con tantas virtudes que nadie podrá alcanzar y describir. Rosa, tan delicada como hermosa, pero creo que su nombre solo describía una parte, porque ella es sinónimo de grandeza, ella es un universo.
El dolor es algo que entiendes cuando realmente lo sientes, 4 meses sin verla –estando viva- lejos de ella, eso es impotencia. Pero de alguna forma sé que nuestros últimos recuerdos fueron siendo felices, aprovechando cada segundo y sé que hasta el último momento ella estuvo orgullosa de mis logros.
Ella no murió, ella está en un viaje intergaláctico, quizás en otras constelaciones siendo más feliz que todos nosotros. Pero sé que su alma y sus recuerdos  viven y seguirán presentes en cada momento de mi vida. Te amo con el alma mamá.